
Navidades de 1989, en el seno de la familia Andreo las partidas de Trivial Pursuit son finales de Champions, ya que al ser enfrentamientos entre equipos integrados en su totalidad por hombres o mujeres sin poder mezclar sexos (luego nos plagiaría el programa exitoso Furor de Estrellas) la rivalidad es máxima.
Por norma general son duelos equilibrados con la balanza ligeramente desnivelada hacia el lado femenino. Puri y María José son expertas en Historia y hacen de las casillas amarillas su particular dado, si caes vuelves a tirar seguro.
Por entonces yo contaba con apenas 12 primaveras y con los chicos de mi edad no existía el tonteo y proteccionismo actual, si los mayores estaban a sus asuntos los niños no debían molestar.
Pero mi tío Salvador, el cabecilla del bando masculino, era un ganador nato y descubrió el potencial del mocoso de su sobrino. Si bien (de modo lógico) por entonces era un negado con las marrones, amarillas y rosas, con las naranjas (las de deportes) era infinitamente superior a cualquiera de los integrantes de ambos equipos.
Así que, como si de la ventana de refuerzos ligueros del mercado de invierno se tratase, decidió ficharme para su equipo. Mi incorporación fue exitosa e incluso el bloque femenino trató de embaucarme con la estratagema de que el duelo era en realidad de hombres contra mujeres pero en edad adulta y conmigo se podría hacer la excepción de cambiarme de sexo.
Pero mi tío Salva, mi descubridor, me puso una cláusula prohibitiva y todas las partidas las disputé en el bando masculino. Raro era que errase alguna de deportes, pero hubo una en particular que se me atravesó.
Preguntaban por el deporte en el que participó en unos Juegos Olímpicos un integrante de la familia real de determinado país. Ante mi desconocimiento, Salvador trató de filtrar lo máximo posible la respuesta y el filtro que pronunció en alto propició una carcajada general: un deporte en el que no se sudase mucho.
Esta frase, tras este ladrillo de historia, establece el nexo con José María el Chava Jiménez. Un corredor de talento a raudales que brillaba en la escalada pero que por morfología incluso podría haberlo hecho en la contrarreloj. Pero al Chava, como al deportista olímpico de la familia real que nos hizo perder un quesito, no le gustaba sudar mucho en la lucha contra las manecillas del reloj: «jo macho, no consigo llegar vacío».
Con este hándicap, sumado a que le gustaba más la fiesta que a un tonto un lápiz, se convirtió en un corredor que solo podía lucirse dentro de su zona de confort y esta se limitaba a carreras con montaña y que a su vez le motivasen. Complicado combo por lo racionada que estuvo la montaña de La Vuelta en los noventa y porque en algunos meses del calendario José María tenía la misma motivación que un chaval en la última clase escolar del viernes.
Es por ello que, pese a ser un corredor de principios de los setenta, le costó Dios y ayuda lograr un triunfo parcial en una Grande bien entrados los noventa. No fue hasta los estertores de la Vuelta 97 en Los Ángeles de San Rafael, y en una jornada que parecía que iba a ser otro tiro al palo del abulense, cuando por fin pudo descorchar la botella de vencedores de etapa en La Vuelta.
Como el Chava cada vez que hacía algo sonado era noticia, la ceremonia de podio no podía ser una cualquiera y estuvo presente Jesús Gil. Por fortuna no se vino abajo la estructura con su tonelaje y el presidente atlético lo engalanó con la camiseta de Juninho, flamante fichaje colchonero para esa temporada que, como solía ser habitual, quedó en un campeones en ilusiones pero el Carranza como único trofeo a sumar a sus vitrinas.
La temporada 98 la afrontó el Chava bien crecido por ese logro del 97 que, sumado al tremendamente decepcionante primer año de Olano con los frailes, supuso que José María en las Grandes Vueltas, si bien no tuviese el status de capo, por lo menos alcanzase el rango de palomita suelta. El equipo pivotaría sobre Abraham pero el Chava podría ir a su bola.
Esta situación deparó uno de los duelos internos más divertidos de la historia de este deporte. El Tour 98 mandó para casa a todos los equipos españoles antes de llegar a París; por tanto, el Chava no pudo concluir la Ronda Gala, así como Olano, aunque en su caso el abandono se produjo por una caída que le provocó un hematoma en la musculatura de su pierna del tamaño de una pelota de golf, que se lo tuvieron que quitar como se saca una bola de helado con el funderelele.
El caso Festina de La Grande Boucle salpicó de lleno a todo el calendario ciclista. En el horizonte estaba a punto de firmarse una sanción con la que empapelaron a todos los integrantes relojeros que disputaron el Tour. En el 99 tuvieron que estar en la nevera casi hasta el inicio del Giro, con la excepción de Hervé y Virenque, expertos en aguantar duros interrogatorios, que fueron los únicos que no cantaron La Traviata y apenas se perdieron los meses iniciales de esa temporada.
Pero a La Vuelta 98 los corredores de Festina llegaron totalmente descentrados y no fue hasta las postrimerías de carrera cuando empezaron a carburar, ya sin opciones serias de ganar la General, salvo un Zülle que se quemó a lo bonzo y terminó perdiendo las opciones de un cajón que en caso de ser amarrategui hubiese logrado.
Pantani lógicamente tras su doblete Giro-Tour, totalmente agotado física y mentalmente, no iba a correr en septiembre. Lo mismo que un Ullrich que ya se salvó por la campana de poder coger un golpe de pedal para afrontar el Tour con garantías. La causa de esto fue su devoción por la Nocilla, llegó a beberse de un trago un vaso entero fundido previamente en el microondas. Noki y sus nokipremios injustamente nunca tuvieron un detallito con el corredor germano.
La ONCE, que ese año perdió su letal bicefalia, únicamente presentaba a Jalabert como baza ganadora y el corredor galo empezó muy competitivo pero terminó enfermando y por tanto perdiendo toda opción de amarillo.
Así que la carrera, a grandes rasgos, quedó convertida en un duelo Kelme Vs Banesto. Los verdiblancos tuvieron a Escartín como su carta ganadora y a Roberto Heras de leal escudero del aragonés. Mientras que Banesto optó por lo comentado anteriormente: un equipo que arroparía a Olano con la excepción de un Chava al que dejarían chavear.
A posteriori han llegado infinitas críticas a Banesto por la gestión de esos egos, pero solo el fanatismo puede llevar a ser tan ciego de no ver que fue una jugada maestra en la dirección, como lo muestran los resultados: 5 victorias de etapa, por equipos, montaña, portadores del amarillo más de 2/3 de la carrera y, sobre todo, primero y tercero de la General.
Olano sin el Chava incordiando y dejando a los kelmes con la sensación de lanzar duros para recoger pesetas seguramente hubiese sido doblegado y el Chava como jefe único habría fracasado con ese recorrido tan desequilibrado a favor de los cróners. Por no hablar de que con presión de jefatura única solía terminar pegando unos petardazos épicos, como se vio en la edición de 2001 de esta carrera.
Al Chava se le ha mitificado como un corredor casi siempre ganador, como decía la canción de Willy Fog, pero como ya citamos tuvo un periodo bastante loser. Y, a su vez, se le ha etiquetado como un corredor eternamente ofensivo.
Y la realidad es que en esta Vuelta la ofensividad la puso el Kelme y el Chava aplicó la táctica de lapear a los del conjunto alicantino y dejarlos espatarrados cuando la victoria parcial se ponía a tiro, una especie de Rui Costa en versión guaperas simpático.
Con este modus operandi el Chava se convirtió en un killer como pocas veces se ha visto en los finales en alto de nuestra carrera. Se anotó así 4 parciales y el quinto no llegó tal vez porque estuvo más pendiente de que ganase un por entonces corredor entrañable en el pelotón, tras su reciente cáncer, Lance Armstrong. Que por cierto, en su Podcast The Move, transcurridos más de dos decenios de la disputa de la prueba, comentó que pensaba que el Chava había sido el ganador de esta Vuelta por lo superior que lo vio escalando.
En la ceremonia final de podio el gran Pedro González soltó una frase que en pocos años sonaría muy LOL, algo así como que era una pena que con su cuarto puesto La Lanza hubiese desaprovechado la ocasión de subirse al podio de una grande, porque a saber si iba a poder conseguirlo en lo que le restaba de carrera Pro.
El Chava cosechó un botín casi equiparable a llevarse el escaparate de El Precio Justo; porque no solo fueron los 4 parciales, la montaña y el tercer puesto de la General, sino que varios días portó el amarillo. Pero si por algo pasó a la historia el Chava en esta Vuelta fue por el momentazo Atrapados en el Ascensor (raro fue que Un Pingüino en mi Ascensor no reclamase royalties) con la mujer, manager y aquí mando yo de Olano: Karmele.
En la etapa con final en Lagunas de Neila se lio pardísima porque el Chava se pasó por el forro las órdenes internas de equipo y en General un sota, caballo, rey del ciclismo: si un compañero es el líder NUNCA prendas la mecha. Pero en realidad no había necesidad de darlas ya que el ataque del corredor de El Barraco fue casi terminada la ascensión burgalesa y además Abraham contaba con ayuda de otros compañeros. En las entrevistas en meta el Chava estuvo en todo lo suyo, justificó su movimiento rebelde con un no se oía bien por el pinganillo.
Mientras, en el otro bando, Karmele rajó de lo lindo por la no supeditación del Chava a su marido. Y, caprichos del destino, tras ese suceso los dos terminaron coincidiendo en el ascensor del hotel. El tiempo se congeló y Karmele, con una tensión como si su esposo fuese Fignon en los km finales del Tour 89, le preguntó a José María si subía o bajaba.
Y el Chava deparó aquí su mejor momento de su Vuelta 98, hasta tal punto que eclipsó a sus 4 parciales, que en Ciclismo a Fondo fueron catalogados como Arma Letal 4. Porque la respuesta del Chava fue un quedar externamente como un caballero pero, a su vez, dejar la puyita de que Olano en ese matrimonio era como el amigo Ramón en la canción de Platero y Tú.
La respuesta ante la pregunta de si subía o bajaba fue algo así como un las mujeres mandan y Karmele, derrotada en ese duelo parcial, tuvo que darle al botón de subir y guardarse todo lo que pensaba de José María.
El Chava actualmente tiene una legión de haters que incluso puede que supere a la de sus fans, que dentro de poco serán premiados con un libro sobre el abulense (Saludos a Félix que seguro que estará leyendo esto). Pero de lo que no hay duda alguna es que se echa muchísimo de menos a un corredor así por todo lo que generaba.
Por Miguel González (@gzlz11 en X).