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Como en Master and Commander (Historias del Tour de Francia Parte V).

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Uno de mis libros preferidos de los que he leído ultimamente es Ready Player One. Lo recomiendo. De ese libro es la siguiente frase: «Si me sentía deprimido o impotente por mi mala suerte, en la vida, lo único que tenía que hacer era pulsar el botón de inicio del primer jugador y mis preocupaciones desaparecían al instante».

A mí me ha pasado eso con muchas cosas. Con un libro, con el cine, con la música, con el ordenador… y con el ciclismo.

Bienvenidos a Súper- Clases.

Si por algo destacaba Stybar era por ser buen compañero. No le importaba trabajar para quién fuera, y a pesar de su gran calidad, lo hizo en Roubaix para Boonen. En una carrera en la que en su debut, de no haber sido por un percance en el Carrefour de l´Arbre, hubiese luchado por la victoria, y en la que acabó sexto. En una carrera en la que era un tigre, cuya técnica era de las mejores de la carrera siempre, y en la que era un tiro sobre el pavés. En una carrera que nació para ganar pero que el destino quiso que no lo hiciese. En una carrera en la que asombró al mundo codeándose con uno de los mejores corredores de la historia de la prueba  como era Fabian Cancellara, en su debut.

En una carrera en la que tuvo la valentía de jugarse la victoria contra un esprinter tremendo como John Degenkolb o en la que atacó a más de 70 de meta siendo uno de los corredores con más opciones de ganarla por calidad…

En una carrera en la que parecía que iba a aplastar a Van Avermaet en el sprint por la victoria pero el belga se convirtió en Hulk y le ganó.

El señor Miyagi, el maestro de Daniel LaRusso, que es el protagonista de Karate Kid, y al que interpreta Ralph Macchio, le habría dicho de haber sido su alumno: «No triste por no ganar… Orgulloso de ti por como correr Stybar».

Porque la vida no va de ganar. Va de ser feliz.

Lo aprendí en las discotecas, hablando con un amigo tras una noche de fiesta en un hotel, en la pista de baile, cuando entrenaba mi tiro en las canastas en la calle con unos 20 años o al salir con una chica. Lo aprendí viendo la tele. Los dibujos animados, el fútbol… el Atletismo… el baloncesto… viendo películas de las que hacen soñar… como Grease, Top Gun, Cazafantasmas, Admiradora Secreta o Regreso al Futuro.. escuchando Michael Jackson, Bon Jovi o Europe… lo aprendí por lo que sentí cuando salió The Final Countdown de Europe…

Lo aprendí cuando sufría… cuando veía que la vida es dura… Además de bonita.

Pero la vida no es dura. Al revés. Es mágica. Porque existe la Torre Eiffel, el cine… la playa… Málaga… o el ciclismo… por la fotografía…

Get Your Guide

En sus declaraciones post- etapa tras su victoria en el Tour, Stybar dijo que era un momento agridulce para él (se había caído su compañero Tony Martin yendo de líder y había abandonado). Stybar era alguien que se alegraba de los triunfos de sus compañeros casi tanto como si fueran suyos y sufría con sus desgracias del mismo modo.

Era una victoria en el Tour. Un logro importantísimo. Pero hay otras cosas importantes en la vida aparte de ganar. Por eso corre como corre Van der Poel o por eso dejó ganar Van Aert a Laporte en Gante- Wevelgem. Por eso corre Pogacar del modo en que lo hace. Por eso Pantani es uno de los corredores más respetados de la historia, a pesar de no ganar tanto como otros o por eso Indurain lo es también no solo por lo que ganó. Porque también importa cómo te comportas y eres. Tu clase como persona y que seas educado. Amable. Un caballero.

Ganar es importante. Pero hay otras cosas que pueden serlo más. Pogacar no solo es tan admirado y tiene tantos fans por lo que gana. Si no fuese tan valiente, si no diese tanto espectáculo, si no fuese tan simpático y tan gracioso, ni tendría tantos fans ni sería tan alabado. No solo importa ganar, sino también el como y cómo eres.

Foto: Road Code

Una de las actuaciones que más me han impresionado en los últimos años fue la de Pogacar en Plateau de Beille en el Tour  2024. Vingegaard es un fuera de serie. Un corredor que cuando te ataca con la intención de hacerte un Jaque Mate es temible. No hay muchos como él. Ni ha habido, me atrevería a decir. No llegó al Tour en su mejor forma pero en esa etapa se le veía como nunca. Subía con un poderío tremendo. Su mirada decía que confiaba en que podía hacerlo. En que podía dar la vuelta a ese Tour.

Subía moviendo muchísimos wattios. Con un convencimiento y una determinación propias del mejor Vingegaaard. Con casta. Carácter. Pundonor.

En Master and Commander, una película de 2003, protagonizada por Russell Crowe y que tuvo 12 nominaciones a los Oscars y consiguió dos, pasa algo parecido a lo que pasó en Plateau de Beille. Cuando el barco del protagonista de la película, que era el capitán Jack Aubrey, iba a atacar a un barco pirata, es atacado por éste, infringiéndole una dolorosa derrota.

A Vingegaard le pasó lo mismo. Cuando estaba intentando tumbar a Pogacar, dejarle KO, con un ritmo al alcance solo de un campeón, el esloveno arrancó y lo tumbo a el.

Algo que pasa muy pocas veces. Porque ese ritmo era para tumbar a cualquiera. Y el esloveno lo dobló.

Y se fue para la cima. Con una fuerza descomunal. Y ganó el Tour. Porque ese día lo ganó.

Fin de la Parte III..

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