Degenkolb era un ganador. Era ese tipo de corredor al que solo le vale ganar.

La Classicissima no se corría en la época en la que Degenkolb la ganó, como se hace ahora. Por muchos motivos. Entre ellos, que no había alguien con un diferencial como el que tenía Alaphilippe para atacar en el Poggio y llegar a meta, o como el de Van der Poel.
Aún así se intentaba (ganar atacando desde el Poggio) y esa vez lo hicieron Gilbert (ataque al que salió Stybar), o Van Avermaet, entre otros.
Pero no lograron su propósito.
A la recta de meta se llega con Katusha tirando para Kristoff. Se lanza el sprint con Degenkolb tercero tras ser molestado dos veces por dos corredores… Y llega un momento en el que Degenkolb se dice «Voy a ganar», remonta como un depredador a Matthews y Kristoff, y se lleva la victoria.
Arrancó en el momento justo, fue inteligente, y eso, sumado a que era un tiro, y sobre todo a su determinación y a que creyó, le llevó a la victoria. ¿Era mejor corredor que Matthews y Kristoff? En ese momento sí. Lo demostró. Porque fue más listo y más rápido. De nada vale lanzar un sprint a 300 mts si luego te baten, o lanzarlo a 50 si no llegas a pasar al primero. O lanzar en el momento justo y no tener piernas. Ni llegar el primero al momento clave si no eres el más rápido, o de los que más… El sprint es una arte. Y hay que dominarlo. Como Degenkolb.
Nada más cruzar la línea de meta se llevó las manos a la cabeza. Porque ganar San Remo lo es todo. Es para lo que trabajas toda una vida, y algo que te va a hacer ser el hombre más feliz del mundo (hablando de corredores con características para ganar La Classicissima).

Tras esa Milán- San Remo, en la que Dege batió a corredores como Kristoff, Matthews, Sagan, Cancellara o Boasson Hagen, casi nada al aparato como suele decir el gran Antonio Alix, para mí uno de los mejores narradores de ciclismo que ha dado este país, nuestro protagonista corrió E3 y Gante, sin mucha suerte, e hizo séptimo en Flandes.
¿Y sabéis que carrera llegaba? Paris- Roubaix.
Fin de la Parte II.