Alberto Contador es un luchador. Si conoces su historia sobre su operación de cavernoma y posterior regreso o si sabes lo que pasó con Armstrong en el Tour de 2009 lo sabes. Es complicado definir a alguien como Alberto Contador como una sola cosa, porque también era un valiente, un atacante nato, un ganador, y muchas cosas más.
Pero yo me quedo con esa palabra.
Porque su lucha es de las que hay que contar a los niños…. de las que merecen que se recuerde… de las que merecen que se alabe.. de las que engrandecen a la humanidad… de las que impactan… de esas que te hacen admirar a alguien…
Como si fuese un súper- héroe…

Alberto Contador fue un ídolo. Lo era de Vingegaard. De Evenepoel. Por su forma de correr sobre todo.
Pero una forma de correr solo no consigue eso. Su carisma, su porte, sus victorias, lo respetado que era por todo el mundo… lo querido… esa sonrisa, esa mirada… cómo hablaba…
Como dije aquí, Alberto Contador trajo el ciclismo ofensivo de nuevo. Y eso no es cualquier cosa. Alberto era querido en todo el mundo por como corría.

Recuerdo cuando empezó a comentar. Me impresionó como lo vivía. Esa pasión no la había visto nunca. Encima teníamos comentando a nada más y nada menos que un ganador de Tour. A aquel corredor que creyó el día de Alpe D´Huez en el Tour de 2011. Que creyó en sí mismo, que dijo que ese día iba a liar una buena, porque era un guerrero, que el mundo iba a saber quién era Alberto Contador, que aquel niño que veía los dibujos animados boquiabierto y soñando, no era un niño cualquiera… que se había hecho mayor, y que si querían ganarle el Tour… iban a tener que sudar tinta…
Porque era Peter Pan. Porque era Vicky el Vikingo… Porque era Apolo el de Galáctica…
Atacó a más de 90 a meta y convirtió aquello en la batalla de la playa de la película Al filo del mañana.

Eso lo han hecho muy pocos corredores en la historia. De hecho Vingegaard que es un valiente no lo ha hecho en este Tour. Lo ha intentado sí, pero en la última etapa en la que se podía hacer daño no.
Contador atacó a 92 de meta. Casi desde salida. Algo que era una locura.
A Contador le tenían miedo. Es evidente que estaba a una diferencia casi insalvable, pero todos conocían de que era capaz. Sabían que era un escalador tremendo, con un coraje fuera de lo común, y capaz de cualquier cosa si tenía el día. Era Alberto Contador.
Salió Andy Schleck a por él. Lo cual lo dice todo. Era el máximo favorito para ganar el Tour y alguien que subía una barbaridad. No tenía necesidad de hacerlo. Pero lo hizo.
Porque conocía a Alberto Contador. Cuando te toca correr contra alguien como él, sabes de sobra que no se puede andar con tonterías con alguien así.
Alberto iba con todo, y revienta a Frank Schleck a los pocos kilómetros. Había convertido eso en la guerra. Tira, tira, tira… con todo, y revienta Evans… y lo hace Voeckler.
Quedaban 87 para meta.
Contador seguía tirando con un solo objetivo: ganar el Tour. O «morir» en el intento.
Llegó a sacar casi 2 minutos al grupo perseguidor, pero con el miedo que le tenían, no permitieron que sacara más, y tiró al final hasta Evans. Coronó con medio minuto.
Y en el descenso lo cazaron.
Eso sí, les obligo a los de atrás a hacer un esfuerzo tremendo.
Al poco de comezar Alpe D´´Huez, para asombro de propios y extraños, Alberto mete un estacazo tremendo.
Y se va. Más que un escalador era un guepardo.
Lo que hizo Alberto ese día fue una exhibición. Una demostración de campeón. De coraje. De valentía y arrojo… que quedó para la historia.
Quién la vio, lo admiró.
Admiró a aquel corredor, que cuando era niño veía los dibujos animados boquiabierto y soñando.
Fin de la Parte II.
