Mucho se han comentado las escenas ciencia ficción de la serie Campeones. La catapulta infernal, los regates de Oliver en una contra a 20 rivales, o los saltos hasta la altura de los videomarcadores han sido procesados como elementos que rule ese canuto por todo seguidor de la serie japonesa.
Pero, en esta mítica serie balompédica, hay una escena absolutamente infravalorada como fenómeno paranormal. En ella, Mark Lenders, castigado por su entrenador, se pasea por una banda y, de la impotencia por no poder vestirse de corto, golpea el balón con tanta rabia que termina produciendo un boquete en la pared… cuando el remate es ejecutado con las manos en los bolsillos.
El castigo de su míster, de no permitirle jugar partidos oficiales, vino motivado porque éste consideraba que su aventajado pupilo había perdido la mirada del tigre y no había llegado el momento de entrar en acción. Tiempo habría para saltar a la cancha y empezar a cosechar éxitos.
Esto, aunque lógicamente no de forma tan bizarra, ha ocurrido en la historia del ciclismo: aplazar el debut en determinada carrera porque un director consideró que todavía no era el día ni la hora adecuada, y, tras ese aplazamiento, se produjeron desenlaces dichosos en dicha carrera.
Así aconteció con Bernard Hinault en la temporada 1977. Venía de ganar Dauphiné (en el mes de junio) y su director Guimard optó por mandarlo a boxes un mes más tarde. Trascurrido un año, ganó su primer Tour de Francia e instauró su tiranía en la Ronda Gala.
Con Peter Sagan tenemos un caso parecido en la misma carrera, lógicamente con un objetivo menor al del Tejón como el maillot verde, pero la secuencia espera e inicio dictatorial fue casi calcada.
El ciclista eslovaco afrontó su primera temporada en un equipo WT en el año 2010 como la del superhéroe que empieza a ser consciente de que tiene unos poderes especiales pero todavía no los controla. Peter podía aunar en pocos días una gran exhibición con una espatarrada de aúpa, que venía a ser como cuando Clark kent descubre que tiene un rayo láser ocular pero en su primer disparo, accidentalmente, destroza el granero familiar.
2011 fue la temporada de confirmación de Sagan y, tras un mes de junio en el que nos dejó ojipláticos en la Vuelta a Suiza, donde juntó una victoria en alta montaña con sus clásicos brillos en finales explosivos, el pueblo consideró que la presencia de Peter en el Tour era un imperativo legal.
Pero la decisión estaba tomada de antemano y con el eslovaco se quería ir piano piano. En esa temporada iba a debutar en una Grande, pero ésta sería la más fácil de las tres: La Vuelta. En nuestra Ronda Nacional se llevó 3 etapas para la saca y si en Haro no hubiesen montado, a pocos metros de la llegada, una rotonda criminal, hubiese llegado una cuarta y, a su vez, el maillot de puntos. Perdió éste por apenas 22 puntos y el vencedor de cada etapa era obsequiado con 25 de éstos.
Por fin, en 2012, llegó el momento de quitarle la correa a nuestro protagonista y se le dio vía libre para debutar en el Tour. A éste llegó tras una gran campaña primaveral, que si bien no le vio levantar los brazos en ninguna gran clásica pero, por contra, nos dejó a un soberbio Peter en el parcial de Chietti de Tirreno y vencedor moral de una San Remo que parecía que iba a ser su carrera fetiche.
La Ronda Gala, de forma coherente, empezó con un prólogo en el que Sagan gracias a una maniobra, tildada por David Millar como digna de un Jedi, libró una caída de irse al suelo en el 99% de los casos. Pero este percance le hizo firmar un registro random que le alejó de la opción de vestirse de amarillo en la primera semana, algo que con el formato de jugosas bonificaciones en meta de los años 90 hubiese logrado.
Pero en la primera etapa en línea tuvimos un la primera en la frente: final uphill, Sagan, sabedor de que sin los culos gordos era el más rápido, se limitó a asegurarse de que no llegase nadie con ventaja. Así neutralizó un intento ni fu ni fa de Chavanel y otro de Cancellara que de no ser por Peter hubiese sido ganador. Sagan siguió con relativa facilidad al ciclista suizo y con más facilidad todavía le batió al sprint. Sin ser consciente de ello, el eslovaco acababa de perder la San Remo del año siguiente, ya que Fabian, de modo absurdo, se pilló tal rebote que decidió que correría La Primavera de 2013 para que Peter no ganase… cosa que terminó cumpliendo porque su táctica en esa carrera fue deleznablemente amensalista.
Ahí no terminaron los éxitos de Sagan porque en la primera semana se convirtió en absoluto protagonista: cayeron 2 parciales más, hizo caballitos sin manos, lució el verde etapa sí etapa también y hasta firmó los senos de una fan. La segunda etapa victoriosa fue otro final uphill que celebró con una imitación de Forrest Gump y la tercera fue un sprint reducido, tras una montonera que se cobró numerosas víctimas y en la que hasta un corredor como Poels se dejó el bazo, en el que Alix nos deparó una de sus mejores narraciones: «¡la madre que lo parió!».
En apenas una semana tres parciales conquistados, parecía que estaba para batir récords pero se produjo la maldición Rusas Macizas. Forero de Parlamento que vaticinó 7 parciales de etapa de Peter tras el tercero y tras este pronóstico loco se encasquilló el arma del eslovaco.
No llegó una cuarta por apenas un tubular ante Greipel en una etapa que tenía un murito previo a la llegada y porque Luisle le hizo la 13-14 en la etapa que se subió el Mur de Péguère. Sagan se tuvo que conformar con la segunda plaza pero nos regaló una subida antológica al bicharraco que, en teoría, iba a ser el gran obstáculo que le quedaba por salvar a Wiggins.
A su vez, su casillero se estancó en tres parciales por el emperramiento absurdo de Orica de boicotear una fuga pintiparada para trincar la victoria de etapa, en la que había conseguido filtrarse Sagan, por la creencia de que Goss podía disputarle el verde. Misión que el australiano decidió abortar cuando fue descalificado por una marrullería en un final en el que en meta quedaban unos puntejos.
El Tour se hizo muy largo y los logros de la primera semana se disipaban en la tercera. Pese a ello, el balance global de Peter en su primera participación sólo pudo ser calificado de sobresaliente. De hecho, en todo su idilio con la Ronda Gala, donde es el plusmarquista absoluto de maillots verdes conquistados, nunca tuvo una fase de tanto chorreo y superioridad como en la de la primera semana de su debut.
Por Miguel González (@gzlz11 en X).
